Constantemente nos estamos relacionando y compartiendo con un montón de personas, algunas de ellas geniales, gentiles, cariñosas, amables, respetuosas, agradables y hasta confiables, otras pueden llegar a ser impertinentes, desagradables, detestables, insoportables y están las que se disfrazan de corderito, cuando realmente son una pantera.
Estas personas, suelen ser muy dañinas, les gusta conseguir todo lo que se proponen, sin miramiento, y están dispuestos a utilizar cualquier medio incluyendo el chantaje, mediante la aprensión, reprimenda, provocación o el complejo de culpa. Debemos tener cuidado, pues los mismos se esconden detrás de caras amables y apacibles.
La realidad es que ocultan sus intenciones detrás de afables ternuras, cuando lo que buscan son intereses personales, que les ayude a superar sus fracasos. Estos seres, no pierden el tiempo, y se centran en lastimar a quien tiene el apoyo y cariño de los demás, pues con esto obtienen satisfacción personal .
Debemos tener presente que, “quien
hiere es porque en algún momento de su vida también fue dañado”, esto es
totalmente cierto, cuando nos lastiman, buscamos deshacernos de la frustración
lastimando a otros. Pero también existe otro aspecto que no siempre tomamos en
cuenta. La envidia existe.
Personas crueles, disfrazadas de buenas personas
Cualquiera puede ser víctima de este tipo de personas. Sin
importar edad, sexo o condición social, ya que existen dentro de compañeros de
trabajo, amigos, familiares inclusive dentro de entornos que no solemos concurrir
tan a menudo. Lo bueno es que podemos identificarlos de muchas maneras
- Nos cautivan con mentiras: Susurraran en
nuestros oídos, palabras lindas y estarán dispuestos a defendernos, pero cuando
te descuides aparecerá el chantaje emocional
- Trastornan la tranquilidad y la moderación
- Extinguen la autoestima
- Son dominantes
- Son agresivos
Recuerda “No hay maldad más cruel
que la que nace de las semillas del bien” – Baldassare Castiglione, además el
científico y divulgador Marcelino Cereijido señalo: “No existe el gen de la
maldad, pero sí ciertas circunstancias biológicas y culturales que la pueden
propiciar“. La maldad puede existir, sin que la persona tenga una condición
psicológica
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