Date un tiempo para valorar a tus padres.

La vida es un ciclo, que tiene un principio y por lo tanto tarde o temprano tendrá un fin, no necesariamente tienes que estar de acuerdo, pero es lo normal y no habrá nada que puedas hacer para cambiarlo.
Eso implica que, hasta tus padres, llegado el momento te dejaran y ya no podrás disfrutarlos, ni compartir con ellos ni tenerlos cerca para poder abrazarlos, aunque no tengas ningún motivo en especial para hacerlo.
En el mundo no todos han corrido con la suerte de contar con padres que les hayan dedicado su vida entera, prodigándoles amor y buenas costumbres que los conviertan en hombres y mujeres con unas bases morales sólidas.
Si tienes la fortuna de haber tenido a tus padres durante toda tu vida y todavía los tienes contigo, no pierdas la oportunidad de manifestarle en cada oportunidad que se te presente, lo mucho que le agradeces tu crianza y el amor que te ha dado hasta la fecha.
El amor de los padres nunca se acaba.
La siguiente historia, te enseñara cual es el valor de contar con la presencia de tus padres en tu vida. La moraleja que te deja esta historia, es muy probable que la comprendas de manera inmediata.
El árbol de las manzanas.
Hace mucho tiempo había un gran y frondoso árbol de manzanas. Un niño solía jugar siempre alrededor de este árbol y le tenía mucho cariño a este maravilloso árbol. El niño quería mucho al árbol y el árbol quería mucho al niño. Con el tiempo como todo, el niño creció y más nunca volvió a jugar en los alrededores de aquel enorme árbol.

Un día cualquiera el muchacho regreso al lugar donde estaba el árbol y escucho como este, con voz triste le dijo: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero el muchacho le contesto: “Ya no soy el muchacho que venía a jugar a tu alrededor. Lo que ahora quiero es juguetes y necesito dinero para poder comprarlos”. “Lo siento, dijo el árbol, pero no puedo darte dinero… pero te ofrezco todas mis manzanas para que las vendas y así puedas obtener dinero para comprar tus juguetes”.
El muchacho tomo todas las manzanas y con ellas obtuvo el dinero que necesitaba y el árbol se sintió nuevamente feliz con eso. Pasado algún tiempo, el muchacho volvió a ver al árbol y el árbol se puso muy feliz nuevamente, y pregunto: “¿Vienes a jugar conmigo?” “No tengo tiempo para jugar” dijo el joven “Debo trabajar para la familia que he formado y necesito una casa en la cual pueda compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”. “Lo siento, yo no tengo una casa, pero…te puedo ofrecer mis ramas y con ellas podrás construir tu casa”. El joven corto todas las ramas del árbol y eso hizo feliz al árbol nuevamente, pero el joven al irse nunca más volvió y el árbol quedo nuevamente solo y triste.
En un cálido día de verano, el hombre regreso y el árbol se puso muy contento. “¿Vienes a jugar conmigo?” preguntó el árbol. El hombre contesto: “Estoy triste y haciéndome viejo. Quiero un bote para poder navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. Sin dudarlo, el árbol le contesto: “Usa mi tronco para que construyas tu barco y de esa manera puedas navegar y ser feliz”. El hombre corto el tronco y se fabricó el bote y con este salió a navegar por un largo tiempo. Luego de años de viaje el hombre regreso y el árbol al verlo le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que ofrecerte.” El hombre contesto: “No necesito nada, no tengo dientes para morder, las fuerzas me han abandonado, ya estoy viejo. Ahora no es mucho lo que necesito, solo un lugar donde poder descansar después de tantos años”.
El árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: “En verdad no tengo nada que ofrecerte, más que mis raíces muertas, pero se dice que las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar recostarse y descansar. Acércate, siéntate conmigo y descansa” El hombre se sentó al lado del árbol y este, feliz y contento, sonrió con lágrimas en sus ojos.

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