Todo niño necesita que se le motive, que se le trate con cariño y se le valore por lo que es, además de enseñársele a que el mismo se valore de la misma forma, que se tenga confianza y de esa manera crezca y pueda explotar todo su potencial.
Como padres una de las tareas mas primordiales y que definirán mucho de la personalidad de sus hijos es ayudarles a construir las bases de una autoestima, saludable, fuerte que los impulse en el camino correcto y les permita luchar por sus metas.
Los padres son ese bastión donde los hijos pueden acudir
cuando se sientan desanimados o cansados. Son el primer apoyo que tendrán los
hijos y desde que nacen es deber de ellos, brindarles todo el apoyo y la
confianza para que esos futuros hombres y mujeres se tenga la suficiente
confianza para afrontar el mundo.
En esos primeros años, no hay nada más importante para los
hijos que sus padres y las enseñanzas que ellos les den determinara muchas
cosas en esos niños. Y el amor sincero y leal que se les de hará crecer en
ellos valores iguales de sinceros y honestos.
La confianza comienza en casa con los padres.
En ocasiones los niños buscan por medio de sus acciones
agradar a sus padres, ya que suponen que al ganar su agrado están también ganando
su amor y cariño. También es por el hecho de que necesitan saber que sus
acciones hechas de la manera más inocente tal vez, es como sus padres quieren
que sean y así se van formando la idea de su propia personalidad y a sentirse
seguros de ese modo.
El detalle está en que los padres, deben de ir
deslastrándose de esa dependencia de sus hijos hacia su opinión y deben ir
fomentando en el niño, que no siempre necesitaran de su aprobación, que ellos
son muy talentosos y pueden cometer errores, pero aun así serán amadas y
queridos.
Los padres al aceptar a sus hijos por como son y enseñarles
que lo importante es actuar por la convicción de que se está haciendo lo
correcto, les proporcionan a sus hijos, la herramienta que los ayudará en
situaciones similares en el futuro, el hijo podrá crecer seguro de sí mismo y
de sus actos, sin necesidad de tener que agradarles a otros para sentirse
querido.
Lastimosamente, no todos los padres actúan de esa manera y
fallaran en su intento de construir esa base para sus hijos, de pequeños, pero,
aun así, también existe la posibilidad de que esa base se construya en la edad
adulta de la persona.
Las acciones de los padres generaran una impresión en sus
hijos, su ejemplo les será a ellos muy valioso y aprenderán que sus acciones
llevados de la mano con amor y cariño, resultaran en la valoración y respeto de
sus padres. Una importante lección para la construcción de su autoestima.
Pero como todo se debe tener muy en cuenta un aspecto
importante, aceptar a tus hijos como son, no significa resignarse a su
educación. Se deben poner límites de lo que es aceptable y lo que no, pero sin
marginar en ningún momento a fin de que se entienda que el niño es aceptado
tanto con sus virtudes y valores como con sus defectos.
Si tratamos a los niños con desprecio, agresividad o
indiferencia, en su interior se formará un sentimiento de desesperanza y
abandono que repercutirá muy negativamente en su autoestima, por lo tanto, es
importante:
- Reconocer el potencial que poseen en vez de
achacarle los errores que comete. Claro no es que no se les digan esos
aspectos, pero desde una perspectiva que les permita aprender de ellos y
crecer.
- No crear expectativas, sobre posibles futuros o
logros. Vivir el día a día.
- Mostrar interés en los comentarios que quieran
compartir y retroalimentar con preguntas para que vean que se les escucha.
- Respetar sus emociones ya sea que estás las
consideremos malas o buenas. No hay porque reprimir a que las expresen o las
nieguen, ya que sería contraproducente y afectaría su autoestima.
No se trata de enseñarles lo que deben sentir ni que sentir,
sino saber guiar para que esos sentimientos no se conviertan en un problema en
el futuro, fomentar que pase lo que pase ellos tienen la capacidad de salir
adelante.
La correcta formación de la autoestima de los niños, depende
de su capacidad de expresar tanto lo bueno como lo malo o desagradable, ya que
ambas partes forman parte de lo mismo, por lo que si decides aceptarte cómo
eres cuando estas de buen humor, también se debe hacer cuando se está de mal
humor.
Para ello existen algunas claves que te pueden ayudar a
lograr ese objetivo con tus pequeños:
- Proporcionar un ambiente seguro donde se pueda
expresar sin sentirse juzgado ni acusado por nadie, tan solo aceptado.
- Buscar maneras creativas de canalizar esos malos
ratos, por medio de la realización de diversas actividades, como, por ejemplo,
dibujar, escribir, etc.
- Utilizar una situación que hayamos pasado que
sea similar a la que ellos están viviendo para que exista la empatía y sientan
que de verdad se les comprende.
- Servir de modelo afrontando de manera correcta
las situaciones que se te presenten.
- Ayudarles a levantar el ánimo en situaciones
difíciles, o de derrota.
Somos uno de los seres con la mayor ventaja a nivel
evolutivo, nos podemos comunicar y por medio de eso llegar a ponernos de
acuerdo y transmitir nuestras opiniones y pensamientos. Cuando interactuamos
con nuestros hijos, el lenguaje que utilicemos tiene que ser positivo y honesto
hasta el final.
Esto significa que traeremos a colación su conducta, pero
sin juzgarla, exponiendo nuestro sentir al respecto y lo que pensamos sobre
eso. Reconocemos su valía y entendemos cómo se siente, eso es importante dejar
bien claro para el infante.
Cuando somos padres, nos convertimos también en instructores
y formadores que deben cumplir una tarea muy importante. Nuestro deber será el
de disciplinar, pero sin maltratar la autoestima, más bien creando un ambiente
lo más sano posible para el aprendizaje y la autonomía emocional del niño.